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La historia de la subestación de Zalia ilustra a la perfección el decalaje que suele existir entre el planeamiento urbanístico y la realidad del suministro energético.
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La verdadera llave del desarrollo económico del siglo XXI no viaja sobre ruedas ni sobre raíles: viaja en forma de electrones a través de subestaciones de distribución eléctrica.
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Se puede hacer todo bien —suelo, incentivos, captación de inversión y perder igualmente el proyecto si la red no acompaña.
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En octubre de 2025, el 26% de las subestaciones asturianas no disponía de capacidad libre; cinco meses después, esa cifra superaba el 37%.
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La planificación eléctrica ya no puede ir por detrás de la planificación industrial.
17 de julio de 2026.
Imagine que dispone de 670 millones de euros listos para ser invertidos, un plan detallado para crear 2.600 puestos de trabajo y el compromiso de levantar la primera planta de obleas de silicio de Europa. El mercado está ávido de su tecnología y el terreno está comprado. Sin embargo, hay un cable que falta. Un nudo en una red invisible que determina si su proyecto verá la luz en 2028 o tendrá que esperar a ver si el viento sopla a favor.
Esta es la encrucijada que hoy atraviesa la Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias (ZALIA), en Gijón, con el desembarco del gigante tecnológico Sunwafe. El debate sobre las grandes infraestructuras tiende a centrarse en el asfalto, las vías de tren o las terminales marítimas. Sin embargo, la verdadera llave del desarrollo económico del siglo XXI no viaja sobre ruedas ni sobre raíles: viaja en forma de electrones a través de subestaciones de distribución eléctrica.
Dos décadas para encender un interruptor
La historia de la subestación de Zalia ilustra a la perfección el decalaje que suele existir entre el planeamiento urbanístico y la realidad del suministro energético. Con una andadura que se remonta conceptualmente a casi dos décadas atrás, y cuya primera piedra vio la luz en 2010, la confirmación de que la nueva infraestructura de e-Redes no estará operativa hasta 2028 ha encendido las alarmas en el tejido empresarial de la región.
No estamos ante un simple retraso administrativo, sino ante una barrera temporal que condiciona una inversión de impacto estratégico regional. Aunque desde la Administración se insiste en que el calendario «llegará a tiempo» para Sunwafe —que prevé tomar su decisión final en febrero de 2027—, el margen de maniobra es mínimo.
Una subestación no es solo una subestación
Durante años, las subestaciones han quedado fuera del foco público, tratadas como una infraestructura técnica casi invisible. Pero son la pieza que permite que una fábrica arranque, que un proyecto se electrifique o que una inversión no se marche a otro sitio. En Zalia no se trata solo de «llevar luz» a un polígono: se trata de dar viabilidad a una zona logística llamada a ordenar actividad, suelo, empleo y cadenas de suministro.
El mapa industrial ya no lo dibuja la logística, lo dibuja la red
Durante décadas, una región competía por atraer industria con suelo barato, buena conexión de transporte y mano de obra formada. Hoy hay un cuarto factor que pesa tanto o más que los otros tres: tener, literalmente, dónde enchufar la fábrica. Zalia tiene la logística —pegada al puerto de Gijón, la autovía y el aeropuerto—, tiene el suelo y ahora tiene incluso el inquilino. Lo único que le ha faltado, durante veinte años, era el permiso técnico para que esa fábrica pudiera arrancar sus máquinas.
Esto tiene una lectura incómoda para la política industrial: se puede hacer todo bien —suelo, incentivos, captación de inversión— y perder igualmente el proyecto si la red no acompaña.
La paradoja de la descarbonización sin red
Este escenario local no es un hecho aislado, sino la manifestación de un problema estructural que venimos analizando desde el Foro Industria y Energía. En octubre de 2025, el 26% de las subestaciones asturianas no disponía de capacidad libre; cinco meses después, en marzo de 2026, esa cifra superaba el 37%, con una pérdida neta de 136 megavatios en la red autonómica.
Como recordaba recientemente Carlos Navalpotro, presidente de Asturiana de Zinc (AZSA) y de la patronal de grandes consumidores de energía (AEGE), muchas industrias quieren descarbonizarse, pero no disponen del acceso técnico para hacerlo: intentamos acelerar la electrificación de los procesos productivos mientras obligamos a los grandes centros industriales a operar bajo un racionamiento de facto en la capacidad de conexión.
De la planificación a la ejecución de urgencia
El caso de Zalia demuestra que la solución no requiere de más foros de debate, sino de una agilización burocrática sin precedentes: la tramitación de proyectos de transporte y distribución eléctrica no puede seguir moviéndose a velocidades del siglo pasado mientras la competencia global por la atracción de inversiones se mide en semanas.
Es urgente que las administraciones públicas, el operador del sistema y las distribuidoras colaboren de forma coordinada para dimensionar de manera preventiva los nudos clave de la red y evitar la “táctica del avestruz”, algo que ya le planteábamos a la presidenta de Red Eléctrica, Beatriz Corredor, en una carta abierta el pasado junio.
Lo que Zalia enseña de cara al futuro
Zalia va a tener, presumiblemente, su subestación y su fábrica. Pero el coste de esos veinte años —talento que se fue a otro sitio, inversión que dudó, la credibilidad de una zona logística que durante mucho tiempo fue solo una promesa— no se recupera. La lección para el resto de polígonos asturianos, y españoles, es que la planificación eléctrica ya no puede ir por detrás de la planificación industrial: si la red decide, mejor que decida a tiempo, no cuando la fábrica ya tiene comprador y las máquinas esperan.