• Inversiones estratégicas para la región están en el aire no por falta de capital o de voluntad empresarial, sino por la incapacidad de la infraestructura eléctrica para absorber la demanda.

  • “Hay industrias que se quieren descarbonizar y no pueden porque no tienen acceso a la red”, Carlos Navalpotro, presidente de AZSA y AEGE.

  • En menos de medio año, Asturias ha perdido 136 MW de capacidad eléctrica disponible, una contracción del 17% sin señales de reversión.

  • Asturias tiene mucho que perder si esta tendencia no se revierte: tejido industrial singular, dependencia histórica del sector energético, y proyectos que pueden irse a otro lugar.

15 de mayo de 2026.

La transición energética se ha vendido a menudo como una carrera de fondo tecnológica, pero para la industria asturiana, la meta parece estar bloqueada por un obstáculo mucho más mundano y, a la vez, crítico: el acceso real a la red. El reciente grito de alerta de Carlos Navalpotro, presidente de Asturiana de Zinc (AZSA) y de la Aege, no es una queja aislada, sino el síntoma de una patología que desde el Foro Industria y Energía (FIE) venimos monitorizando con creciente preocupación.

La noticia es clara: inversiones estratégicas para la región están en el aire no por falta de capital o de voluntad empresarial, sino por la incapacidad de la infraestructura eléctrica para absorber la demanda. AZSA, el mayor consumidor eléctrico de España a un solo punto de conexión, se ha topado con una negativa para ampliar apenas 3 MW de potencia, mientras sus planes de crecimiento requieren hasta 45 MW a largo plazo.

El mapa que no miente: Asturias, en caída libre de capacidad

Desde el Foro Industria y Energía llevamos meses construyendo una imagen rigurosa y actualizada del estado de las subestaciones eléctricas en España. Los datos de Asturias son inequívocos y, francamente, preocupantes.

En octubre de 2025, el Principado contaba con 199 subestaciones, de las cuales 52 (un 26%) carecían ya de capacidad disponible. Los megavatios libres en el conjunto de la red regional alcanzaban los 794,8 MW. Apenas cinco meses después, en marzo de 2026, la fotografía ha cambiado de forma apreciable: el número de subestaciones sin capacidad ha subido a 75, representando ya el 37,3% del total, y los MW disponibles han caído hasta 658,7 MW. En términos absolutos, Asturias ha perdido 136 MW de capacidad en menos de medio año, una contracción del 17% que sigue una tendencia sostenida y sin señales de reversión.

A escala nacional, nuestro análisis de marzo de 2026 confirma que el 86,3% de las subestaciones eléctricas españolas carecen ya de capacidad disponible. Asturias no es la excepción: es el reflejo regional de un problema que se ha convertido en estructural.

La industria quiere electrificarse. La red no le deja.

AZSA no es un caso aislado. Es el más visible y articulado de un problema estructural que afecta a toda la industria española: la saturación de la red y la opacidad en la gestión de accesos configuran un entorno de competitividad deteriorada que no puede corregirse con voluntarismo político.

“Hay industrias que se quieren descarbonizar y no pueden porque no tienen acceso a la red”, denunciaba Navalpotro. La frase resume con exactitud la paradoja: estamos empujando a las empresas hacia una gestión energética verde y sostenible, pero les negamos la herramienta básica para ejecutarla. Y como bien advirtió Eduardo Álvarez, director técnico del FIE y catedrático de la Universidad de Oviedo, la capacidad libre en las subestaciones no debe leerse como un cheque en blanco: no basta con que haya megavatios, deben estar donde la industria los necesita. Un proyecto electrointensivo de envergadura puede requerir tal potencia que obligue a infraestructuras ad hoc o a importar energía de fuera de la región, comprometiendo la viabilidad económica del proyecto desde el arranque.

Lo que está en juego

La situación es, en palabras de representantes del sector como EDP, «dramática». Mientras el Índice de Producción Industrial en Asturias caía un 7,1% en marzo, según datos del INE, el segundo peor registro nacional, la infraestructura eléctrica se consolidaba como el principal cuello de botella para la recuperación.

Lo decíamos en estas páginas hace meses: no habrá un Made in Europe sin un Powered by Europe. Y no habrá un Powered by Europe si la infraestructura eléctrica que debe sostenerlo sigue cerrando puertas a quienes quieren invertir, crecer y descarbonizarse. Asturias, con su tejido industrial singular y su dependencia histórica del sector energético, tiene mucho que perder si esta tendencia no se revierte.

Los datos están sobre la mesa. El mapa de subestaciones lo muestra con precisión. El presidente de AZSA lo ha dicho en voz alta. Ahora hace falta que quienes tienen la capacidad de actuar (Red Eléctrica, el Ministerio, la CNMC, los gobiernos regionales) lo hagan con la misma urgencia con la que la industria lo está reclamando. La competitividad no solo depende de ser verdes, sino de ser operativos. Y el tiempo de la reflexión debe dar paso, urgentemente, al tiempo de la ejecución.