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Las prometidas subastas de cogeneración rememoran la obra teatral de Samuel Beckett, “Esperando a Godot”, en la que dos personajes esperan a un tal Godot que nunca llega y al que ni siquiera conocen.
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Pamesa, el mayor fabricante europeo de cerámica, ha tenido que vender una de sus dos turbinas de cogeneración. “Llevamos 4 años exactamente sin poder tomar ninguna decisión de inversiones», Fernando Roig, presidente de Pamesa.
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Mientras los ciclos combinados empiezan a hacer hibridaciones con energías renovables, las plantas de cogeneración han de limitarse a esperar esas subastas sin poder tomar decisiones de inversión, víctimas de la incertidumbre regulatoria.
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La certidumbre no es un lujo, es una condición necesaria para que la transición energética sea, además de verde, posible.
8 de agosto de 2025
La incertidumbre mata a la industria. Esta afirmación, que desde el Foro Industria y Energía hemos repetido en múltiples ocasiones, encuentra en el caso de Pamesa su más reciente y preocupante ejemplo. El mayor fabricante europeo de cerámica ha tenido que vender una de las dos turbinas de cogeneración que instaló el año pasado, víctima del bloqueo regulatorio que sufre esta tecnología energética en España.
Las palabras de Fernando Roig, presidente del grupo, no pueden ser más claras: «Llevamos 4 años exactamente sin poder tomar ninguna decisión de inversiones». Esta declaración resume la parálisis que vive un sector industrial que necesita planificar sus inversiones a largo plazo, pero que se encuentra ante un marco regulatorio que no ofrece las garantías necesarias para la toma de decisiones estratégicas.
El caso Pamesa: síntoma de un problema estructural
Pamesa, con sus 100 MW de potencia instalada de cogeneración, representa perfectamente los desafíos que enfrenta la industria española. El 30 % de su potencia de cogeneración finalizó su vida útil en 2022 sin que, adía de hoy, exista un marco regulatorio que permita su renovación y su evolución a modelos más sostenibles, manteniéndose prácticamente parada desde entonces a la espera de unas subastas que nunca llegan a pesar de las promesas del Ejecutivo desde 2021, como el Godot de la obra teatral de Samuel Beckett
La realidad es que a la cogeneración no se le está dando ni siquiera la oportunidad de invertir en mejoras en el campo de la sostenibilidad y jugar el papel clave de tecnología que podría contribuir en el proceso de transición energética de la industria española.
La paradoja es evidente: mientras se habla de la necesidad de descarbonizar la industria y mejorar la eficiencia energética, las empresas se ven obligadas a desmantelar inversiones recientes por la falta de un marco normativo estable. El borrador de subastas publicado en 2021 quedó sin desarrollo posterior, y el nuevo marco presentado en febrero plantea condiciones que, según Roig, «dejarían en clara desventaja a la industria cerámica, especialmente por la exigencia de un 30 % de autoconsumo obligatorio».
A nadie escapa que, hoy por hoy, la cogeneración sigue dependiendo del gas natural, pero negar su papel como tecnología de transición sería un error y un problema para el sector industrial que depende de ella. Y más en un entorno en el que las expectativas generadas por el hidrógeno verde no alcanzan a cubrir las necesidades de la industria, como el propio Roig ha declarado anunciando que Pamesa se ha visto obligada a reducir sustancialmente su inversión en esta tecnología. Mientras los ciclos combinados empiezan a hacer operaciones para hibridarse con energías renovables, como es el caso de Repsol e Ignis en sus centrales de Escatrón, las plantas de cogeneración han de limitarse a esperar esas subastas y sin poder tomar decisiones de inversión, víctimas de la incertidumbre regulatoria.
La cogeneración es una tecnología madura que podría evolucionar hacia modelos más sostenibles si recibiera el impulso inversor necesario. La parálisis actual no solo frena su desarrollo, sino que impide valorar adecuadamente su potencial dentro de un mix energético diversificado y resiliente.
La pregunta que surge es inevitable: ¿qué hacemos con la cogeneración existente? En lugar de descartarla prematuramente, podríamos estar invirtiendo en ella para hacerla más eficiente y compatible con los objetivos de descarbonización. Sin inversión, queda anclada en modelos convencionales, pese a que podría formar parte de la solución. La falta de un marco estable nos está llevando a cerrar vías sin haber explorado su evolución. Si incluso alternativas como el hidrógeno presentan hoy más incertidumbres que certezas, ¿por qué renunciar a una tecnología que, con el apoyo adecuado, podría avanzar hacia un modelo más verde?
Hacia un marco de certidumbre: soluciones urgentes
En un entorno donde la certidumbre es un pilar fundamental para la planificación empresarial, resulta crucial que las administraciones comprendan el impacto de la incertidumbre persistente en el desarrollo industrial. No se trata solo de aprobar nuevos marcos regulatorios, sino de garantizar su estabilidad y predictibilidad a largo plazo.
El caso de Pamesa no es un episodio aislado, sino el síntoma de un problema estructural que requiere una respuesta urgente. La incertidumbre regulatoria está frenando la transición energética de la industria justo cuando más necesitamos acelerar la descarbonización de la economía.
Como hemos señalado repetidamente desde el Foro Industria y Energía, la incertidumbre persistente representa uno de los mayores peligros para la planificación y el desarrollo de nuestras empresas. No podemos permitir que la indecisión regulatoria siga cobrándose víctimas en forma de inversiones paralizadas, tecnologías abandonadas y oportunidades perdidas.
La industria española está preparada para liderar la transición energética, pero necesita las herramientas regulatorias adecuadas. La parálisis política no es una opción; el tiempo de la incertidumbre debe llegar a su fin si queremos que nuestras empresas mantengan su competitividad en un mundo cada vez más exigente en términos de sostenibilidad y eficiencia energética. La certidumbre no es un lujo, es una condición necesaria para que la transición energética sea, además de verde, posible.