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Barcelona acogerá el 18 de noviembre el XX Foro de la Economía del Agua, con la geopolítica hídrica como eje del primer panel.
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En el tablero geopolítico del siglo XXI, el agua ha dejado de ser un recurso puramente medioambiental para consolidarse como un activo estratégico de soberanía nacional y estabilidad internacional.
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«El agua no es que sea un recurso escaso, es que, a diferencia del petróleo o del gas, no tiene un sustituto. Es un pilar de soberanía nacional y de estabilidad institucional», Iván Redondo, CEO de Grupo Redondo y director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de España (2018-2021).
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«El agua hoy es un factor de naturaleza geopolítica fundamental para entender el mundo en el que vivimos. Es un factor de conflicto y es un factor también de acuerdo y de explotación», Miguel Ángel Ballesteros, exdirector del Departamento de Seguridad Nacional (2018-2023).
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Una interrupción del suministro puede detener una planta tanto como un corte eléctrico, mientras que una sequía puede reducir simultáneamente el agua disponible para los procesos productivos y la generación hidroeléctrica.
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Proteger el agua significa también proteger las infraestructuras que sostienen la economía.
30 de octubre de 2026.
Las grandes crisis energéticas que han sacudido a la economía global nacieron históricamente en pozos petrolíferos, estrechos marítimos o gasoductos. Sin embargo, en un planeta condicionado por el cambio climático y las tensiones geopolíticas, la próxima gran disrupción no surgirá del subsuelo, sino de un cauce seco o de una infraestructura hídrica vulnerada.
En el tablero geopolítico del siglo XXI, el agua ha dejado de ser un recurso puramente medioambiental para consolidarse como un activo estratégico de soberanía nacional y estabilidad internacional. Mientras que el gas o el petróleo admiten sustitutos tecnológicos o alternativas de suministro, la molécula de H₂O no tiene reemplazo.
Un activo sin sustituto en la arquitectura de seguridad global
En el marco del próximo XX Foro de la Economía del Agua, que se celebrará el 18 de noviembre en Barcelona (Casa Milà, “La Pedrera”), dos voces de referente en el ámbito de la seguridad y la estrategia institucional abordarán precisamente cómo los riesgos hídricos están moldeando las alianzas y disputas globales en el panel “La seguridad del futuro se juega en el agua. Riesgos, amenazas y geopolítica en un mundo cada vez más vulnerable”.
Iván Redondo, CEO de Grupo Redondo y director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de España (2018-2021), subraya el carácter irremplazable de este activo:
«El agua no es que sea un recurso escaso, es que, a diferencia del petróleo o del gas, no tiene un sustituto. Es un pilar de soberanía nacional y de estabilidad institucional.»
Esta naturaleza inelástica convierte a los recursos hídricos en un vector que atraviesa las fronteras de la diplomacia, la defensa y el comercio mundial.
Por su parte, el General de Brigada (R) Miguel Ángel Ballesteros, exdirector del Departamento de Seguridad Nacional (2018-2023), recuerda cómo el agua condiciona la estabilidad de regiones enteras:
«El agua hoy es un factor de naturaleza geopolítica fundamental para entender el mundo en el que vivimos. Es un factor de conflicto y es un factor también de acuerdo y de explotación.»
Ballesteros apunta ejemplos históricos y contemporáneos cruciales: desde el río Indo —fuente esencial de vida y fricción entre Pakistán e India— hasta la cuenca del Nilo o la regulación de acuíferos en Palestina. Asimismo, destaca cómo en el conflicto de Ucrania la presa de Kajovka se convirtió desde 2022 en un objetivo militar prioritario para controlar el flujo de agua hacia la península de Crimea.
Del Estrecho de Ormuz al grifo industrial: la infraestructura hídrica como diana
La vulnerabilidad del agua no se limita a los cauces fluviales o a los acuíferos compartidos; se extiende a la infraestructura física que la transforma y transporta. La escalada militar en Oriente Próximo ha puesto de manifiesto hasta qué punto estas instalaciones pueden convertirse en un factor de presión estratégica.
En marzo de 2026, Irán amenazó con atacar infraestructuras energéticas y plantas desalinizadoras del Golfo si Estados Unidos golpeaba su red eléctrica. Aunque los Guardianes de la Revolución parecieron retirar posteriormente la amenaza específica contra las desaladoras, el episodio dejó al descubierto la vulnerabilidad de unos países que dependen de estas instalaciones para garantizar el suministro de agua.
Los riesgos no se han quedado en las declaraciones. Según el balance de ACLED sobre los ataques contra infraestructuras críticas en el Golfo, entre el 28 de febrero y el 30 de julio de 2026 se registraron al menos 172 ataques contra instalaciones no militares en los países del Consejo de Cooperación del Golfo. Entre los objetivos afectados figuran instalaciones de generación eléctrica y desalación, incluida la planta de Shuaiba, en Kuwait.
La relevancia de estos episodios va más allá de los daños materiales. Una planta desalinizadora necesita energía para producir agua; las centrales eléctricas y numerosas instalaciones industriales, a su vez, necesitan agua para funcionar. Cuando una de estas infraestructuras falla, el impacto puede propagarse al resto del sistema y comprometer el abastecimiento, la producción y la actividad económica.
Esta realidad demuestra que la seguridad hídrica, la seguridad nacional y la seguridad del suministro energético forman una red inseparable. Proteger el agua significa también proteger las infraestructuras que sostienen la economía.
La seguridad del agua también se juega en la industria
Esta dimensión geopolítica tiene una traducción directa en la economía. La disponibilidad de agua condiciona la producción de alimentos, la actividad química, la siderurgia, la fabricación de componentes y el funcionamiento de las centrales eléctricas. Una interrupción del suministro puede detener una planta tanto como un corte eléctrico, mientras que una sequía puede reducir simultáneamente el agua disponible para los procesos productivos y la generación hidroeléctrica.
Como ya apuntábamos en nuestro análisis sobre el trinomio agua, industria y energía, ambos recursos son inseparables. Y, como señalábamos al preguntarnos si la industria puede ahogarse en un vaso de agua, el riesgo hídrico también puede trasladarse a los costes energéticos, la continuidad operativa y la competitividad.
Para la gestión energética de la industria, esta relación exige ampliar la mirada. No basta con anticipar los precios de la electricidad o del gas: también es necesario conocer la disponibilidad de agua, identificar los procesos más vulnerables y evaluar conjuntamente la eficiencia energética e hídrica. La reutilización, la recirculación y la diversificación del suministro dejan de ser únicamente medidas de eficiencia para convertirse en herramientas de resiliencia.
En un escenario de transición energética, nuevas demandas y creciente presión sobre los recursos, la seguridad industrial dependerá también de cómo se planifiquen y protejan las infraestructuras que hacen posible la actividad económica.
Cita en Barcelona
El agua conecta territorios, economías e infraestructuras. Puede ser motivo de confrontación, pero también una oportunidad para establecer acuerdos duraderos. Ignorar su dimensión estratégica significa subestimar tanto los riesgos de un mundo más vulnerable como las posibilidades de cooperación.
Comprender estas dinámicas no es solo una necesidad de Estado, sino un requisito estratégico para la alta dirección industrial. De todo ello se debatirá el próximo 18 de noviembre en el XX Foro de la Economía del Agua, organizado por el Foro de la Economía del Agua en colaboración con el Foro Industria y Energía y el Foro Mediterráneo Agua, Energía + Alimentación (FMAEA), en la Casa Milà, «La Pedrera», Barcelona.
Una cita imprescindible para analizar los riesgos, amenazas y oportunidades de un recurso que define, de manera silenciosa, la competitividad de nuestra industria y la seguridad de nuestro futuro.