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Afirmar que «no hay ninguna industria que no se haya podido conectar porque falte infraestructura de Red Eléctrica» es inexacto.
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En cinco meses, Andalucía ha perdido 921 MW de capacidad eléctrica disponible, más de lo que hoy tiene en toda su red (630 MW).
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El problema no es la saturación en sí, sino la saturación sin expansión: cuando la red se llena, pero no se refuerza para acompañar el crecimiento de la demanda.
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Solo una de cada cuatro subestaciones de transporte (24,5%) tiene capacidad para demanda.
5 de junio de 2026.
Apreciada Sra. Corredor:
Me permito escribirle como presidente del Foro Industria y Energía tras leer sus declaraciones publicadas hace unos días en OK Diario. Vaya por delante que no me cabe duda de la profesionalidad y conocimientos de las personas que trabajan en la compañía que usted preside. Tampoco dudo de que, aunque REE y Redeia están realizando importantes esfuerzos para solucionar el problema del acceso a las redes, una parte muy importante de las responsabilidades son administrativas y, por tanto, corresponden la Administración púbica.
Su posición, tan claramente definida, no hace sino confirmar que el problema existe realmente y, por tanto, afirmar como hace usted, que «no hay ninguna industria que no se haya podido conectar porque falte infraestructura de Red Eléctrica» es inexacto. De hecho, en el Foro Industria y Energía tenemos conocimiento de la situación de empresas que incluso han tenido que renunciar a los PERTE por no disponer de esa posibilidad. Probablemente usted no tiene conocimiento de esas dificultades porque esas empresas han preferido no hacer pública esta situación, entendemos que, entre otras razones, por respeto institucional.
Otras, sin embargo, no han dudado en hacerlo, aunque haya pasado desapercibido a la opinión pública. Hace semanas, por ejemplo, en nuestra web publicábamos un artículo sobre cómo el acceso a la red eléctrica pone techo a la industria asturiana en el que se recogían declaraciones del presidente de Asturiana de Zinc, Carlos Navalpotro, afirmando que “hay industrias que se quieren descarbonizar y no pueden porque no tienen acceso a la red”.
Créame, Sra. Corredor. La técnica del avestruz, o sea, esconder la cabeza y negar la evidencia no va a solucionar los problemas. Por eso, quisiera invitarle a que visite nuestro Mapa de capacidad de demanda por subestaciones eléctricas, que hemos desarrollado conjuntamente con Opina360 y en el que podrá comprobar la disponibilidad de más de 6.000 subestaciones eléctricas de distribución y confirmar que la tendencia es realmente preocupante: cada vez hay menos accesos y los que existen no están, necesariamente, donde los necesita la industria, el principal consumidor de electricidad de nuestro país.
Permítame ponerle un ejemplo: si usted analiza la disponibilidad de las subestaciones en la provincia de Barcelona le parecerá que los datos son buenos, ya que, en números brutos, hay disponible un 30 %. Pero si entramos en cada una de las subestaciones, podrá comprobar que una parte muy importante de la disponibilidad está en el centro de la ciudad de Barcelona, donde, como es obvio, ya no se ubican grandes industrias. Subestaciones como la de Maragall o Vilanova, ubicadas en zonas que antaño fueron industriales hoy son pleno centro de la ciudad y concentran ellas solas casi 100 GW de los algo más de 800 disponibles en la provincia. Tienen disponibilidad, pero es imposible que allí se ubique hoy en día una empresa industrial. Y va a ser difícil que se consuman a base de las lavadoras y los aires acondicionados de los ciudadanos que ahora viven allí. Son instalaciones pensadas para la industria del siglo XX, pero poco adaptadas a las necesidades reales del siglo XXI.
La situación de Andalucía es también especialmente preocupante. En cinco meses, Andalucía ha perdido 921 MW de capacidad eléctrica disponible, más de lo que hoy tiene en toda su red (630 MW). Este dato, en sí mismo, no es necesariamente negativo. Al contrario: la capacidad disponible está para usarla y tampoco los crecimientos desorbitados de capacidad son una buena noticia, porque probablemente implican que hay industrias que se están desconectando y, por tanto, abandonando su actividad. Una subestación saturada no es, en sí misma, un problema, sino una señal de que existe tejido productivo aprovechando la capacidad disponible de la red. El problema no es la saturación en sí, sino la saturación sin expansión: cuando la red se llena, pero no se refuerza para acompañar el crecimiento de la demanda.
Lo realmente grave es que esas capacidades a las que se accede no se amplían y, por tanto, llegará un día que se acabarán. En el caso de Andalucía, de mantenerse el ritmo actual, la red podría quedarse sin margen en los próximos meses porque la infraestructura de conexión eléctrica no está creciendo al ritmo que la industria necesita y eso tiene consecuencias directas sobre la capacidad de atracción de inversión industrial.
Como responsable de la red de transporte, usted tampoco puede escudarse en que la saturación es un problema de las distribuidoras. Los propios datos de Red Eléctrica de junio revelan que al menos el 42 % de las subestaciones de transporte (394 de 937) no tienen capacidad de acceso disponible para demanda. Y hay un tercio (313) cuya disponibilidad se desconoce por falta de acuerdo sobre el valor de referencia, de modo que pueden considerarse también bloqueadas. Como resultado, solo una de cada cuatro subestaciones de transporte (24,5%) tiene capacidad para demanda.
Ante esta situación, es necesaria una visión a medio plazo. Incluso aceptando su afirmación de que no ha quedado ninguna empresa “desconectada”, cosa que, como le digo, no es cierta, la situación es preocupante, porque si aún no ha pasado, con toda seguridad pasará si no se toman ya las medidas necesarias. A la industria le importa poco de quién es la responsabilidad. Y el mejor consejo que podemos dar es aplicar ese eslogan de la famosa marca de material deportivo: Just do it.