• De las 6.102 subestaciones eléctricas analizadas en el país, 3.387 se encuentran en municipios de menos de 20.000 habitantes, representando el 55,5% del total, según el último análisis de FIE y Opina 360.

  • El 40% de los centros de producción en España se localiza también en municipios de menos de 20.000 habitantes, según un estudio de la asociación Promarca.

  • El análisis revela que, de los 7.400 MW de capacidad disponible restantes, 4.335 MW, el 58,6%, se encuentran en este tipo de poblaciones.

  • El ámbito local es el depósito de una parte fundamental del músculo industrial del país.

  • Casi nueve de cada diez subestaciones españolas carecen ya de capacidad disponible, lo que golpea de lleno al territorio que más necesita desarrollar actividad industrial.

17 de abril de 2026.

El mapa de la energía en España guarda una relación directa y profunda con su capilaridad territorial. Según el último análisis del Foro Industria y Energía (FIE), en colaboración con Opina 360, de las 6.102 subestaciones eléctricas analizadas en el país, 3.387 se encuentran en municipios de menos de 20.000 habitantes. Este dato, que representa el 55,5% del total, sitúa a la España rural y semirrural no solo como un actor secundario, sino como el verdadero pulmón energético sobre el que debe pivotar la soberanía industrial europea.

Esta relevancia territorial se ve respaldada por la realidad del tejido productivo: según un estudio de la asociación Promarca, el 40% de los centros de producción en España se localiza también en estos municipios de menos de 20.000 habitantes. Lejos de ser un entorno puramente agrícola o de servicios básicos, el ámbito local es el depósito de una parte fundamental del músculo industrial del país y, como demuestran los datos, es donde físicamente se concentra una parte muy importante de la infraestructura eléctrica necesaria para alimentarlo.

El «oro eléctrico» y el fin de la abstracción industrial

A menudo se comete el error de tratar la industria como una entidad abstracta que flota sobre estrategias nacionales. Sin embargo, la industria tiene siempre una dirección postal y, sobre todo, una necesidad física de conexión. Para los municipios de menor tamaño, el desarrollo industrial depende de una combinación de tres factores críticos que determinan su viabilidad futura: el espacio (suelo disponible), las personas (talento local) y lo que podríamos denominar el «oro eléctrico»: el acceso real a la red eléctrica.

La presencia de estas 3.387 subestaciones en localidades pequeñas supone tener el «enchufe» instalado allí donde el territorio más necesita fijar población y generar riqueza. Es, en esencia, la infraestructura que permite conectar el tejido productivo con la transición energética.

Radiografía territorial: la industria que respira en lo local

El análisis provincial revela que la dependencia del ámbito de los pequeños municipios es, en muchas regiones, una característica estructural de su red. En provincias como Huesca, el 90,5% de sus subestaciones se encuentran en localidades de menos de 20.000 habitantes, una tendencia que se repite con fuerza en Ourense (89,1%), Soria (88,2%) y Teruel (87,8%). En estas zonas, prácticamente toda la capacidad de conexión eléctrica del territorio se gestiona desde ayuntamientos de tamaño reducido. Lo mismo ocurre en el centro peninsular, donde Salamanca (86,9%), Guadalajara (86,5%) y Segovia (84,2%) muestran una red eléctrica íntimamente ligada a lo local.

En los casos anteriores, los datos tienen una lógica: la mayoría de las poblaciones de estas provincias son pequeños municipios, pero Incluso en territorios con una tradición industrial urbana más marcada, el peso de lo rural sigue siendo determinante. En Gipuzkoa, el 62,7% de los nodos de red están en municipios pequeños, mientras que en Bizkaia la cifra alcanza el 56,7%. En provincias como Barcelona (44,4%), Valencia (41,2%) o Sevilla (38,2%) el papel de estos pequeños municipios es también muy relevante y, según los expertos del FIE cada vez lo será más debido a la saturación de los accesos y la relocalización de la industria en los puntos en los que haya mayor capacidad de acceso a la red.

En el extremo opuesto, la geografía industrial y poblacional se manifiesta en provincias más urbanizadas como Madrid (14,6%), Cádiz (15,1%) o Murcia (15,7%), donde las subestaciones se concentran mayormente en los grandes núcleos de población.

El estado de ese «oro eléctrico»

Esta distribución plantea una pregunta que conviene no eludir: ¿en qué estado está ese «oro eléctrico» en el territorio donde más se necesita? La respuesta, como señala el último informe del FIE y Opina 360 sobre capacidad disponible de la red, no es tranquilizadora. No obstante, la saturación convive con una realidad de concentración de la oportunidad: de los aproximadamente 7.400 MW de capacidad disponible que aún restan en el sistema, 4.335 MW se encuentran en municipios de menos de 20.000 habitantes. Esto supone que el 58,6% del remanente energético del país está localizado precisamente en el ámbito local.

“Los pequeños municipios no solo concentran la mayoría de las subestaciones, sino también el grueso de la capacidad disponible para nuevo desarrollo industrial. Representan, por tanto, una oportunidad estructural para la reindustrialización que no puede ignorarse en las políticas energéticas”, destaca Juan Francisco Caro, director de Opina 360.

Lo que el dato sugiere

Este cruce de cifras no pretende ser una conclusión cerrada, sino una invitación a otorgar una mayor presencia en las políticas energéticas e industriales a un territorio que, a menudo, figura de forma prioritaria solo en los debates sobre despoblación. Los municipios pequeños tienen suelo y tienen, en muchos casos, la voluntad política de recibir inversión. Además, como hemos visto, albergan una parte significativa de la infraestructura eléctrica del país.

“La soberanía industrial europea no se construye únicamente desde arriba; se garantiza asegurando que ese 55,5% de subestaciones locales dejen de ser activos latentes para convertirse en herramientas activas de competitividad y cohesión territorial”, destaca Albert Concepción, presidente del FIE. El reto urgente es asegurar que este activo siga siendo accesible mediante políticas de red y planificación que reconozcan dónde reside la oportunidad de crecimiento. Solo así la soberanía industrial dejará de ser una estrategia de despacho para convertirse en una realidad postal concreta.