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“Cuando hablamos de energía, debemos hacerlo conectados al ecosistema industrial”, Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo.
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“La industria es la punta de lanza de la defensa de los valores del humanismo dentro de Europa”, Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo
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“La industria que había sido un instrumento de enfrentamiento se convertía así en garante de paz y estabilidad”, S.M. el Rey Don Felipe VI
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“Sin orgullo no se gana. Sin humildad no hay posibilidad de mejora”, Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria
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“Generamos una de las energías eléctricas más baratas de Europa gracias a los recursos renovables, pero el precio final que paga la industria es de los más altos”, Mikel Jauregi, consejero de Industria del Gobierno Vasco
6 de febrero de 2026
“El humo de las fábricas es un recuerdo del pasado, pero las fábricas sin humo son la certeza de un futuro”. Con esa frase, Pedro Sánchez ha clausurado en Bilbao el Congreso Nacional de Industria 2026, un encuentro que durante dos jornadas ha situado a la industria en el centro del debate sobre el futuro económico y social del país. «Lo bien hecho nos define», rezaba el lema. Y ese «lo bien hecho» no apela únicamente a la excelencia productiva, sino a una forma de entender la industria como proyecto colectivo, como espacio donde confluyen competitividad, cohesión social, innovación y valores.
En ese marco, el presidente recordó que “hemos dejado atrás la reconversión industrial para emprender la reconstrucción industrial de nuestro país, si me permite el juego de palabras”. Y sí, se lo permitimos. Se lo permitimos porque estamos en un momento crucial donde la industria ya no puede ser un sector reactivo. En un escenario geopolítico incierto, la reconstrucción implica necesariamente reforzar la autonomía estratégica. La industria «sin humo» trasciende un mero objetivo medioambiental y se convierte en la base de una soberanía real que permita a España y a Europa decidir su propio destino productivo sin dependencias críticas.
El ADN del FIE: energía conectada al ecosistema industrial
Entre todas las intervenciones, hubo una reflexión del ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, que nos resultó curiosamente reconocible, casi como si hubiera leído el acta fundacional de nuestra organización. Recordando conversaciones pasadas, Hereu sentenció: “Hemos generado congresos donde hablábamos de la movilidad sostenible, del uso de las nuevas energías…sí, pero siempre conectado con el ecosistema industrial”.
Esa frase, aparentemente sencilla, encierra la misión que nos dimos hace ya tiempo: la gestión energética no puede entenderse sin la industria, ni la industria sin su gestión energética. Es una simbiosis indivisible. Fue precisamente bajo esa premisa, la necesidad de que ambos mundos dejen de hablar idiomas distintos, por la que se crea el Foro de Industria y Energía con la vocación de reconciliar la política industrial y energética. Escuchar este mensaje en el atril principal del congreso confirma que el camino trazado era el correcto: hablar de energía es, inevitablemente, hablar de competitividad industrial.
La industria como garante de paz y humanismo
El congreso ha servido también para elevar la mirada más allá de los kilovatios y los balances de resultados. Jordi Hereu afirmó que “España apuesta por la industria porque la industria es la punta de lanza de la defensa de los valores del humanismo dentro de Europa. Y porque la industria es nuestra mejor baza para defender Europa en el mundo”. No se trata únicamente de producción o de PIB. Como subrayó el ministro, la industria es “crecimiento de valor añadido, innovación, exportación, cohesión social y territorial”, pero también algo menos tangible y no por ello menos decisivo: capital social. “Finalmente la industria son las personas”.
Una idea que conecta directamente con una visión amplia de la gestión energética de la industria: no como una cuestión técnica aislada, sino como un elemento estructural que condiciona empleo, inversión, arraigo territorial y capacidad de competir en un entorno global cada vez más exigente.
Esta visión humanista fue apuntalada por S.M. el Rey Don Felipe VI, quien, con la perspectiva que otorgan las cuatro décadas de adhesión a Europa, nos llevó a los orígenes mismos de la Unión. Al recordar la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), el Rey subrayó cómo «los padres de Europa Unida tuvieron la idea muy clara de poner en común las producciones nada menos que del carbón y del acero». Es decir, la energía y la industria pesada. Lo que antaño fueron instrumentos de guerra, se convirtieron en «garantes de paz y estabilidad». Esta reflexión histórica es crucial para entender el momento actual: la transición energética es el nuevo carbón y acero. Es el nexo que debe unirnos, no dividirnos.
El Rey planteó una «ecuación con múltiples incógnitas» que sitúa a la industria europea en el centro: innovación, competitividad y reducción de dependencia. «Resolverla requerirá más que nunca el compromiso de todos», advirtió. Una llamada a la acción que desde el FIE suscribimos plenamente, pues, para nosotros, la ecuación mencionada solo tiene solución si se implica a todos los eslabones de la cadena de valor.
Lo bien hecho como estrategia de país
Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria, ahondó en el lema del congreso con una reflexión que mezcla teoría económica y cultura popular. Recordando a Michael Porter, explicó que las empresas -y los países- eligen su estrategia entre precio, calidad y diferenciación. Después, a cabo de muchos años, comentó entre risas, vio que Porter había publicado otra obra, diciendo que precio no era una estrategia. “Nos quedan dos: calidad y diferenciación. Pues ahí ya estamos”.
Para ilustrar su punto, García Brustenga compartió un peculiar chiste sobre la construcción de fragatas que, reconoció, “no tiene ninguna gracia”, pero que encierra una verdad profunda sobre la idiosincrasia española. Frente al chino que promete rapidez y bajo coste, el francés que presume de tecnología propia, y el alemán que garantiza robustez indestructible, el español responde con sencillez: “la mía navegará”. “El español expresa de forma sencillísima orgullo, humildad y adaptabilidad. Sin orgullo no se gana. Sin humildad no hay posibilidad de mejora”, sentenció.
Esta filosofía del trabajo bien hecho, argumentó el secretario de Estado, no es solo cuestión de competitividad, sino “de diferenciación por valores democráticos y de estado de bienestar. Cuando hacemos las cosas bien hechas, estamos defendiendo nuestro modelo español europeo”. Un mensaje que resuena con especial fuerza en un sector industrial que afronta la doble presión de descarbonizarse sin perder competitividad.
La paradoja energética de la industria
Desde el ámbito territorial, el consejero de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad del Gobierno Vasco, Mikel Jauregi, puso sobre la mesa una de las grandes contradicciones del sistema energético español. “Generamos una de las energías eléctricas más baratas de Europa gracias a los recursos renovables”, explicó, “pero el precio final que paga la industria es de los más altos”.
Una paradoja que se traduce en cifras contundentes: costes eléctricos hasta un 165% superiores a los de Francia o un 35% más altos que en Alemania para determinados sectores industriales. La diferencia, apuntó Jauregi, no está en el recurso, sino en el diseño regulatorio: costes regulados, cargas fiscales y herramientas que la UE permite utilizar y que otros países aplican de forma más decidida para proteger a su industria electrointensiva.
Electrificación: oportunidad histórica, ritmo insuficiente
En la mesa «Soberanía energética: hacia un futuro seguro, eficiente y sostenible», Gregorio Relaño, director de Planificación y Regulación de Iberdrola, dibujó un panorama de luces y sombras sobre la electrificación industrial. “Estamos en la era de la electricidad, la era de la electrificación”, afirmó con convicción, citando las proyecciones de Euroelectric que apuntan a que el peso de la electricidad en el mix energético pasará del 20% actual al 50% en las próximas décadas.
Sin embargo, las cifras muestran un estancamiento preocupante, según Relaño. Europa, España y Estados Unidos rondan el 22-23% de electrificación, una cifra que no ha variado significativamente en la última década. Para alcanzar los objetivos de 2030 -llegar al 32-33%- haría falta crecer dos puntos porcentuales al año durante cinco años, “el doble de lo que ha elegido China cada año, porque en China sí que ha elegido”, precisó. La conclusión es clara: “el problema no es electrificar, sino acelerar la electrificación”.
En este proceso, continuó Relaño, la industria es el actor principal. La Agencia Internacional de Energía estima que al menos el 30% del crecimiento de la demanda eléctrica vendrá de la electrificación industrial, con previsiones de que el peso de la electricidad en el mix energético industrial pase del 30% actual al 45% en una década.
Pero, ¿están listas las infraestructuras? Si bien la digitalización avanza, la red de transporte se perfila como el gran cuello de botella. Es un tema crítico que desde el FIE hemos monitorizado de cerca a través de nuestro mapa de subestaciones, una herramienta que evidencia una realidad preocupante: la red eléctrica española pierde capacidad disponible y alcanza altos niveles de saturación. Sin redes robustas y ágiles, la electrificación de la industria será una quimera.
Una transición con varias rutas y con tecnología propia
José Miguel Arzuaga, director técnico de Alba Free Energy, introdujo un matiz fundamental en el debate: la descarbonización industrial no pasa exclusivamente por la electrificación. Destacó que existen otros vectores energéticos que contribuyen a la descarbonización y que la industria debe utilizar todas las herramientas a su disposición..
Finalmente, Luis Pedrosa, director de energía, estrategia, clima y transición urbana de Tecnalia, puso el dedo en la llaga de la autonomía estratégica: «No tendremos una soberanía industrial o energética sin una soberanía tecnológica». Necesitamos tecnología propia, cadena de valor y talento.
Un congreso que valida una intuición fundacional
El Congreso Nacional de Industria 2026 dejó claro que la intuición que llevó a la creación del Foro Industria y Energía, esa idea de que industria y energía son inseparables, ha dejado de ser una voz en el desierto para convertirse en consenso.
El mensaje de Bilbao 2026 es claro. «Lo bien hecho nos define», sí. Pero lo bien hecho, en el siglo XXI, implica una gestión energética inteligente, que resuelva la paradoja de los precios, que desbloquee las redes eléctricas y que entienda, como decía el ministro Hereu, que cualquier debate sobre energía es estéril si no está conectado, enraizado y al servicio del ecosistema industrial. Las fábricas sin humo que evocó el presidente solo serán certeza de futuro si construimos la infraestructura, la regulación y la colaboración que las hagan posibles. Solo así nuestra fragata no solo navegará, sino que liderará la flota.