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«Aprovechar el potencial de generación renovable para captar la demanda de estas nuevas inversiones supone una gran oportunidad de impulso industrial para muchas zonas del país», Juan Francisco Caro, director de Opina 360.
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Si la generación de energía se desplaza, la industria podría seguirla. El mapa energético configura el mapa industrial: puede haber energía sin industria, pero la industria no puede prescindir de la energía.
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La pregunta no es solo cuánta energía renovable podemos generar, sino qué regiones sabrán convertir esta ventaja en una nueva era de prosperidad industrial.
Más allá de las cuestiones políticas, parece que existe un cierto consenso en que España debe redefinir su mapa industrial y energético. Un nuevo mapa en el que la reindustrialización avance de la mano de las renovables, con territorios que emergen como nuevos polos de crecimiento.
El informe del Observatorio de Energías Renovables de Foro Sella, elaborado por Opina 360, nos proporciona la cartografía de lo que ha sido el 2024 en términos de despliegue renovable. Con 26.159 MW autorizados, con un abrumador 85% destinado a la fotovoltaica, esta radiografía nos ofrece el relieve sobre el que podría dibujarse el desarrollo industrial de los próximos años. Es el punto de partida de una nueva travesía, donde los vientos de la transición energética soplan con fuerza, pero donde también encontramos escollos que podrían desviar el rumbo.
En este contexto, se está redibujando coordenadas hacia nuevos territorios donde la energía limpia se convierte en ventaja competitiva. ¿Qué regiones han marcado la nueva cartografía del desarrollo industrial este 2024 y cómo evolucionará este mapa en el futuro?
Los jugadores emergentes transforman el mapa renovable de 2024
El despliegue renovable de 2024 no se ha repartido equitativamente. Castilla y León (5.580,4 MW), Aragón (4.585,4 MW) y Castilla-La Mancha (4.389,4 MW) se han convertido en las grandes receptoras de nueva capacidad, absorbiendo más de la mitad de los proyectos autorizados. Madrid y Cataluña, tradicionalmente menos vinculadas a la fotovoltaica, han empezado a avanzar en esta tecnología, sumándose al mapa de la nueva energía. Este movimiento es clave para asegurar un desarrollo más equilibrado y evitar una concentración excesiva de actividad en unas pocas regiones.
“Las renovables han demostrado este año, en comunidades como Aragón, que no solo son imprescindibles para lograr la descarbonización del sistema eléctrico, sino que también representan un factor clave para atraer proyectos industriales relevantes. Aprovechar el potencial de generación renovable para captar la demanda de estas nuevas inversiones supone una gran oportunidad de impulso industrial para muchas zonas del país. Por eso, pronto comenzará el debate autonómico de generación y consumo: la energía se consume allí donde se genera”, destaca Juan Francisco Caro, director de Opina 360. Por lo tanto, vemos cómo el papel de las renovables va más allá de la descarbonización, y se convierten en imanes para la inversión industrial.
La disponibilidad de energía renovable barata y estable se está convirtiendo en un factor crítico para atraer inversión industrial. Los sectores electrointensivos, como la siderurgia, la automoción o la industria química, buscan reducir costes y garantizar un suministro fiable para mantener su competitividad. En este contexto, las regiones con mayor penetración renovable se perfilan como las nuevas protagonistas del desarrollo industrial.
Estrategia territorial y almacenamiento: elementos fundamentales para un desarrollo industrial equilibrado
Si la generación de energía se desplaza, la industria podría seguirla, pero será crucial acompañar este desarrollo con una estrategia industrial coherente. La concentración de proyectos en pocas regiones podría generar desequilibrios, por lo que la coordinación territorial se convierte en un elemento esencial: sin un plan claro, el crecimiento podría generar nuevas desigualdades y concentraciones de actividad que desequilibren el desarrollo económico.
En 2024, se desestimaron 15.001 MW en proyectos, siendo el 57% rechazado por razones ambientales o caducidad de permisos. La estabilidad regulatoria jugará un papel clave en este contexto, ya que los inversores buscan seguridad a largo plazo, y la incertidumbre normativa podría frenar el potencial de la transición energética.
Por otra parte, la falta de infraestructura de almacenamiento sigue siendo una pieza clave en el puzle energético del país. En 2024, se autorizaron 750 MW de almacenamiento, de los cuales 600,6 MW se concentran en Castilla y León. Este avance impactará a sectores emergentes como los data centers, cuya demanda energética seguirá creciendo. Sin embargo, la cifra de almacenamiento sigue siendo insuficiente y requiere inversiones significativas para garantizar un suministro fiable y diversificado. La evolución del almacenamiento será clave para consolidar el atractivo industrial de estas regiones y evitar que la generación renovable se convierta en un arma de doble filo.
Rumbo a un nuevo mapa energético: el reto de un desarrollo equilibrado
“España tiene que seguir avanzando a un ritmo muy alto en la implantación de renovables si quiere cumplir sus objetivos de transición ecológica. Por eso resulta muy importante que comunidades hasta ahora más rezagadas en el despliegue recuperen terreno y se incorporen a la dinámica general”, advierte Caro. Pero más allá de la generación, el verdadero reto es que esta expansión energética se traduzca en desarrollo industrial sostenible.
Porque lo que está claro es que el mapa energético configura el mapa industrial. Puede haber energía sin industria, pero la industria no puede prescindir de la energía. La clave está en lograr que este proceso no sólo impulse regiones ya consolidadas, sino que permita un desarrollo equilibrado en todo el territorio.
La transición energética no es un proceso binario de éxito o fracaso, sino un ecosistema dinámico que requiere innovación, adaptabilidad y resiliencia. Los 26.159 MW autorizados en 2024 representan un punto de partida, no un final. La pregunta no es solo cuánta energía renovable podemos generar, sino qué regiones sabrán convertir esta ventaja en una nueva era de prosperidad industrial. 2025 será el año en que veamos hasta qué punto esta transformación energética reconfigura el futuro económico del país.